viernes, 27 de abril de 2012

LOS 10 MEJORES MULLETS DE LA HISTORIA DEL CINE Y LA TELEVISIÓN


El diccionario Webster define "mullet" como un tipo de pescado, yo, por el contrario, lo defino como la forma más cañera y molona de fardar con tu pelo. Como vereis hay diferentes opiniones. Un sabio dijo una vez que el mullet era el peinado más completo de cuantos existían; es formal y serio por delante y fiestero por detrás.
     
Muchos grandes hombres a lo largo de la historia han escogido el mullet como la forma de expresar su majestad y señorío. Razones no les faltan.

Hoy he querido hacer mi propio homenaje dentro de la industria del cine y la televisión a todos esos grandes hombres que han contribuido a engrandecer nuestro acervo capilar exhibiendo de manera pública y notoria tan majestuoso peinado. Sé que la lista no dejará contento a todo el mundo, es lo que suele pasar con estas cosas. Sé que muchos de vosotros querríais que hubiese incluido en ella a otros insignes del celuloide. Me ha costado hacer la criba y se cuentan por decenas los que se han quedado en el camino, disculpas por adelantado pero el rankin queda tal que así… (redoble de tambores).

En el puesto nº 10 tenemos a uno de los actores más queridos de la televisión. Hizo bulling a sus compañeros en “Salvados por la campana”, y después fue poli en bicicleta en “Pacific Blue”. Un fuerte aplauso para MARIO LÓPEZ.


En el nº 9 un actor para el recuerdo, hace poco nos dejó, pero siempre nos quedará en nuestra memoria su maravilloso pelazo en "Duro de pelar". Señoras y señores contengan sus lágrimas, con todos ustedes PATRICK SWAYZE.



En nuestro nº 8 contamos con la inestimable presencia de un actor en alza. Fue Rorschach en "Watchmen" y Freddy krueger en la última de Freddy Krueger. Últimamente le hemos podido ver por la tele en esa serie de tíos machos llamada "Escudo humano". Tiene nombre de white trash y un corazón canalla, con orgullo les presento a JACKIE EARL HALEY.



En el nº 7 tenemos a un cantante/actor. Vino de las estrellas para iluminarnos con su glamour. Un ojo de cada color y varios estilos de mullet a lo largo de su extensa carrera. Hacen falta presentaciones? DAVID BOWIE.
En el puesto nº 6 de nuestro rankin contamos con uno de los más insignes mullets de la historia de la televisión. Todos recordaréis al entrañable tío Jesse de "Padres forzosos". Un instante para la nostalgia; JOHN STAMOS.



En el nº 5, y con la cosa poniéndose calentita, tenemos a uno que repite en este mismo blog. Hace un par de semanas lo tuvimo por aquí, cuando lo de las canciones, y nos regaló una de las mejores baladas de amor de todos los tiempos. Hoy le tenemos de vuelta para hacernos otro regalo; su hermosa cabellera. Demos la bienvenida de nuevo a este polifacético ARTISTA; DAVID HASSELHOFF.



La cosa está que arde, los primeros puestos están muy apretados. Vamos allá, en el nº 4 tenemos a un hombre que ha hecho de abrirse de piernas un arte. Poesía en movimiento; JEAN CLAUDE VAN DAMME.



Observemos su precioso pelazo en movimiento.



Me tiemblan las manos, para el nº 3 contamos con la presencia de un auténtico maestro. Le queremos, le idolatramos y si somos secuestrados por una banda de terroristas no nos cabe duda que vendrá a rescatarnos chicle en  mano; él es Richard Dean Anderson McGYVER.



Aquí le tenemos en una de sus misiones, aunque en esta ocasión, y por motivos de camuflaje, se ha cortado el pelo.


Esto está que va a reventar de un momento a otro, no puedo contener los nervios. En el nº 2 tenemos a un héroe de verdad. En sus últimas películas le hemos podido ver exhibiendo toda una ristra de gatos muertos a modo peluca. Hubo un tiempo en que su majestuosa melena ondeaba al viento cual salvaje grito de libertad. La pudimos contemplar en "Con-Air", y él es (hace falta que lo diga?) NICOLAS CAGE.


Y por fin llegamos al puesto nº 1. Por favor, que todo el mundo se ponga en pie para entregar nuestro galardón de la semana. De él se han dicho muchas cosas, pero aquí va una que no encontraréis publicada en ningún otro lado; un día estaba bañándose en la playa y vino una ola y le empujó por detrás, desde entonces a esa playa se la conoce como Mar Muerto. Que suenen las trompetas!, qué se caiga abajo el estadio!!. Fuegos artificiales!!!

The winner is... C-H-U-C-K!



Y eso ha sido todo por hoy amiguit@s estoy exhausto, necesito vacaciones. Nos vemos, como siempre, aquí, en vuestro blog amigo. Un saludo!!

lunes, 23 de abril de 2012

EL INEFABLE DOCTOR WHO


 Este es un post para venderos una serie, dadle al play, gracias.


Los anglosajones tienen una expresión; “Sense of Wonder”, que podría traducirse como “sentido de la maravilla”, y que hace referencia a una forma muy determinada de ver la vida. Se trata de la sensación de deleite infantil ante todo aquello que se escapa a nuestro obtuso entendimiento, de mirar embelesado una puesta de sol, de imaginar pasadizos oscuros repletos de tesoros ocultos en el trastero de casa, de buscar gnomos y hadas en los jardines. El mundo es un lugar mucho más extraño y maravilloso de lo que nuestra rutina gris nos deja entrever, y es bueno, de vez en cuando, volver a adentrarnos en nuestras cotidianeidades con los ojos de un niño para poder así disfrutar de todos los pequeños misterios que se esconden entre toda la maraña de mundanidad que conforma nuestras vidas.
            Los británicos lo saben. Son chicos listos. Por ello gustan mucho de crear historias de esas que ellos llaman “más grandes que la vida misma”. Los términos; raro, extraño o bizarro podrían, perfectamente, definir gran parte de la literatura, del teatro, del cine, cómic y, por supuesto, la televisión que se hace al otro lado del charco (y me refiero al Canal de la Mancha, no al otro charco). Desde el Steampunk decimonónico hasta la narrativa gráfica de mediados de los ochenta, los británicos se las han ingeniado para ir inventando y reinventando el fantástico, desde sus orígenes hasta el momento actual. No en vano ellos fueron los creadores del género tal como se entiende en la actualidad, con autores de la talla de Shelley o Byron (cierto es que en la génesis moderna del género, los especialistas en la materia suelen incluir también a algún que otro personajillo de fuera de las islas, como Baudelaire, que era francés, y por ello no cuenta). De Carroll a Dickens, de los Monty Python a Danny Boyle, de Sherlock Holmes al agente 007, el fantástico debe mucho a los británicos, en todas sus vertientes. Incluida la televisión. Y no hay mejor ejemplo de lo que este género es capaz de ofrecer que “Doctor Who?”.

Los once doctores
 El origen del show no tiene nada de original y es una historia de sobra conocida dentro de los círculos especializados en este tipo de frikeces. Lo repito, da igual. Corría el año 1963, la posguerra había acabado, los ingleses comenzaban a salir de sus casas de nuevo y a contemplar el mundo con ojillos satisfechos. La misión estaba cumplida, los nazis habían sido derrotados y el honor británico salvado, era hora de poner los cimientos al nuevo estado del bienestar. ¡Qué bien suena esa palabra!. Sanidad universal, escolarización obligatoria, seguridad social y, como no, televisión pública. En el año 63, mientras que en España aprendíamos a andar erguidos y a hacer fuego frotando dos palos, en el Reino Unido ya había un televisor en casi todos los hogares. Los británicos descubrieron la caja catódica en el año 53, cuando más de veinte millones de ellos se arremolinaron frente a uno de estos aparatos para ver la coronación de Isabel II al son de “God saves de Queen” dando gritos de enfervorizado patriotismo. Una audiencia sin precedentes hasta aquel momento en la corta historia de la televisión mundial. Los nuevos caminos que abría el medio televisivo como forma de comunicación de masas empezaban a atisbarse en este momento, y los “funcionarios” de la BBC se autoimpusieron la misión de crear una programación que contentara al vulgo y fuese entretenida, y que a la par cumpliese con su labor educativa (no en vano el pragmatismo inglés es una de sus señas identitarias, junto con su flema, ciertas tendencias homoeróticas fruto de la estricta educación en internados masculinos, y el pescado con patatas). El ministerio de educación había realizado un estudio entre los escolares británicos, los resultados mostraban que las materias en las que más fallaban los chavales eran Historia y Ciencias Naturales, de modo que las cabezas pensantes se pusieron manos a la obra y decidieron emprender un plan de acción que comprendía, entre otras muchas cosas, el encargo de un nuevo show a la BBC, que fuese didáctico y a la vez entretenido, y que diese a los jóvenes torreznos del Reino Unido unas pocas nociones de historia y ciencias. Para ir tirando. Es algo así como si “Física y Química” enseñase de verdad física y química. El resultado de todo ello fue Doctor Who.
Los elegidos para poner en marcha este proyecto fueron los productores Sydney Newman y Verity Lambert, junto con un extraño personaje que tenía la sana costumbre de ponerse de ácido hasta las tetillas, y que solía andar pululando por los despachos de la BBC sin que nadie supiese exactamente a que se dedicaba o que carajo hacía allí, y al que todos conocían como “Bunny” Webber. Está claro que alguien que se presenta a sí mismo bajo el mote de conejito no debería estar al frente de un programa destinado a formar las mentes de las futuras generaciones, y así lo debieron de ver los altos directivos de la cadena porque al poco tiempo de empezar el programa el señor Webber se marchó hacia pastos más verdes.
            El concepto sobre el cual gira gran parte del show, grosso modo, es el de los viajes en el tiempo, excusa argumental perfecta para que el Doctor y sus acompañantes corriesen aventuras en diversos momentos del pasado. La estructura inicial de la serie consistía en ir alternando seriales históricos junto con otros de corte más futurista, en los que las farragosas explicaciones pseudocientíficas se entremezclaban con auténticas clases magistrales de química o de física en una especie de jerga característica, marca indeleble de la serie. Durante las sesiones brainstorming, en las que se dio forma al show original, se decidió incluir a dos profesores entre los personajes protagonistas; una profesora de historia y un profesor de ciencias, que mantendrían entre ellos una especie de idilio romántico, bastante naif para los estándares actuales, pero lógico si se tienen en cuenta el nivel de censura de la época.

En cuanto al personaje principal del programa, eso es harina de otro costal. El único término que podría definirlo de manera adecuada sería el de “inefable”. Al comenzar la serie se contrató al actor William Hartnell para que diese vida al entrañable, aunque a veces cascarrabias, Doctor. Pocos sabían que Hartnell sufría una enfermedad degenerativa, muy parecida al Altzheimer, que acabaría por obligarlo a dejar el programa cuando este se encontraba en sus mayores cotas de popularidad. Rápidamente se buscó una solución; ¿y si el personaje principal fuese inmortal, y se fuese regenerando en sucesivas formas y personalidades cada vez que el cuerpo que ocupase en ese momento muriese?. Con la primera muerte y regeneración del Doctor se saltaron a la torera todas las normas lógicas que mantenían al show atado aun a ciertos niveles de coherencia. A partir de ahí las cosas se volvieron locas, explotaron. A saber, Doctor Who es un programa protagonizado por un personaje que es, en esencia, una especie de Deus ex machina. El origen del misterioso protagonista se ha mantenido en secreto durante las casi cinco décadas que lleva el show en antena, pero a lo largo de sus más de 770 episodios se han ido dejando caer pistas sobre quién es en realidad este personaje. No hay que ser muy avispados para darse cuenta; alguien que puede estar en todos los sitios al mismo tiempo, que es eterno, que ha estado presente, controlando y dando forma a la historia desde el mismísimo Big Bang hasta el final de la creación, qué es prácticamente todopoderoso. Estos ingleses y sus referencias ocultistas y místico-mágicas se creen que nos la pueden dar con queso. En efecto, querido lector, como ya habrá adivinado se trata de la traslación a un programa infantil de la teoría del “punto omega” del jesuita francés Teilhard de Chardin, excomulgado por la iglesia, por cierto, y que tan de moda se puso durante los psicodélicos sesenta entre ciertos círculos de magia ingleses, círculos que después acabarían sincretizándose con toda la barahunta de creencias new age sobre chamanismo, campos energéticos, budismo/tantrismo pop y todo ese rollo. Porque el personaje tiene sus raíces en el momento histórico que le tocó vivir, y es un tipo raro, eso hay que reconocerlo. En este caso la rareza es también genialidad, y los ingleses, si de algo saben, es de convertir algo raro en algo genial.
            La longevidad del show es buena muestra de la popularidad del programa, pero es que, además, la serie ha trascendido más allá de las pantallas de televisión. Se ha convertido en toda una institución en el Reino Unido. El último especial navideño emitido el 25 de diciembre de los corrientes consiguió atraer hasta el televisor a nada menos que 10.7 millones de embobados espectadores, que es, más o menos, una quinta parte del total de la población inglesa, convirtiéndose en el segundo programa más visto durante el día en que la gente, por sistema, más ve la televisión. “Águila Roja”, con su máximo histórico de 6 millones de espectadores ni se aproxima a esta cifra, así como tampoco lo hace el capítulo más visto de “los Serrano” que cuenta con una más que respetable audiencia de 8 millones. Para batir esta cifra tenemos que acudir al programa de una serie de producción nacional más visto de la historia de este país; el último episodio de “Farmacia de Guardia”, que contó con más de 11 millones de espectadores y una cuota de pantalla del 60%. Pero es que estoy comparando las audiencias promedio de los capítulos más vistos de la historia de la televisión en España con el último episodio de las aventuras del buen Doctor. Sería imposible para cualquier serie española, o simplemente cualquiera que no fuera estadounidense, lograr los 16 millones de espectadores de media que consiguió el show durante el año 1979. De hecho ningún episodio de Doctor Who, desde el inicio del programa, ha estado por debajo de los 3 millones de espectadores, cifra que, por sí sola, supone todo un triunfo para cualquier serie en una cadena generalista de cualquier país del mundo.
            Pero es que lo que implica este programa para los británicos no es comparable a lo conseguido por ningún otro programa de televisión, salvo quizás, y dentro de su grupo de fanáticos seguidores, Star Trek. Se trata del programa más longevo de la televisión (y en vista del éxito que sigue cosechando se le augura un futuro muy largo). Ha ganado todos los premios televisivos habidos y por haber, incluido el BAFTA a la mejor serie dramática en el año 2006 (se trata de algo así como el Oscar británico, y sí, cuenta con una categoría al mejor drama de televisión. Los ingleses son los putos amos!). Y no se queda ahí, no señor. El programa, que lleva alimentando los delirios de los británicos durante generaciones, ha pasado a formar parte de la cultura popular del país. Existen varias expresiones en lengua inglesa que se utilizan a menudo en charlas coloquiales y que tienen su origen en este programa, como por ejemplo la expresión “behind the sofa”, que podría traducirse como “ver los toros tras la barrera”, y que tiene su origen en la costumbre de los niños ingleses de ver las partes más terroríficas del show mirando desde detrás del sofá.

Este y otros ejemplos vienen a poner de manifiesto la impronta que el programa ha dejado en el imaginario colectivo de los británicos. La crítica de televisión del diario The Times, Caitlin Moran, llegó a afirmar que Doctor Who era “la quintaesencia de lo británico”. ¿Quién soy yo para discutírselo?. Con su look trendy, su psicodelia pop, sus diálogos plagados de metarreferencias a la cultura británica; desde chistes sobre “Maggie” Tatcher, hasta los últimos cotilleos sobre la familia real, el show muestra la sociedad british desde una óptica alegre y desenfadada. Los personajes han que acompañado al Doctor en sus nuevas aventuras por el universo se pueden trasladar con suma facilidad al contexto social actual del Reino Unido, desde la middle class londinense (Rose Tyler), pasando por las clases profesionales acomodadas (Martha Jones), hasta el moderno habitante de suburbios (Amelia Pond). El programa se toma mucho cuidado en reflejar los dramáticos cambios por los que atraviesa el mundo. Los conflictos sociales contemporáneos aparecen perfectamente retratados en el programa. Los episodios más recientes son una buena muestra de ello,  siendo un compendio de duras historias, y más tratándose de una serie con una importante cuota de público infantil, que transcurren en nuestros días y que cuentan con la crisis económica como telón de fondo. El Doctor en su vertiente más dickensiana. Una serie de relatos de crudo realismo social que no tienen nada que envidiar al cine de Ken Loach (aquí me he pasado, lo siento Ken), y en las que aparecen retratadas de manera magistral las penurias existenciales de los habitantes de la city, sus miedos, inquietudes, aspiraciones, sueños y esa extraña desesperación que está siempre patente en las clases trabajadoras de un tiempo a esta parte. Y el mérito, y ahí radica la grandeza de Doctor Who, es que lo hace sin renunciar a la fantasía. Al contrario, combina ambos elementos; lo hiper-real y los sub-real y nos lo devuelve en forma de maravilloso cuento televisivo, con o sin moraleja (casi siempre con), pero sin ñoñerías.
 
Para terminar de glosar las virtudes del programa, y además de todo lo anteriormente expuesto, debo añadir que el show ha transcendido las fronteras del Reino Unido, y todo apunta, con la adaptación a la gran pantalla que se prepara y que, finalmente, dirigirá David Yates, a que va a volar muy muy alto (si el mundo no se acaba antes). No tiene, por descontado, la difusión de las teleseries americanas (tampoco cuenta con los canales de distribución de éstas, no olvidemos que es un programa que produce la televisión pública británica), pero aun así ha conseguido hacerse con un núcleo acérrimo de seguidores por toda Europa, así como grandes nichos en Australia, Nueva Zelanda y Canadá. Incluso en Estados Unidos existe un pequeño sector de irreductibles whovians. Ni que decir tiene que esto es algo impensable hoy en día para ninguna serie española, ya venga de la televisión pública o los canales privados. La falta de ambición de nuestra ficción televisiva y su escasísima presencia en mercados que, a priori, podrían resultar fácilmente accesibles, como son los países latinoamericanos, es una de las asignaturas pendientes de nuestras productoras, que no han sabido ver la oportunidad que les brinda este medio extraordinario (Hay programas que sí se exportan a países sudamericanos, como “Cuéntame”, pero son excepciones). Doctor Who es un ejemplo de ficción bien hecha, de elementos armónicos que crean sinergia, de maravilla en formato panorámico, de pasión, de energía, ilusión, alegría, bondad.

 Más adelante me dedicaré a hablar sobre los diferentes doctores y la idiosincrasia del programa. Hoy solamente quería vendéroslo.

I love this show!

viernes, 20 de abril de 2012

PSICO-POLÍTICOS


La razón de Estado que postulaba Nicolás Maquiavelo en su obra “El Príncipe” señalaba la necesidad de llevar a cabo una política mesurada y racional, cuyo elemento teleológico debía ser la consecución de un Estado fuerte y soberano, que trajese el orden y la paz a la convulsa sociedad florentina y a los estados italianos de aquella modernidad incipiente del XVI, enfrascados en guerra perpetua unos con otros, y con los Borgia al frente del altar. Y más se valiese del miedo que del amor de su pueblo, el príncipe cristiano estaba legitimado a utilizar cualesquiera medios a su alcance para lograr sus objetivos, siempre en aras de la susodicha razón de Estado. Es aquello tantas veces comentado del famoso fin que justifica los medios (aunque Maquiavelo jamás emplease esta frase).

Hace unas semanas leía una entrevista a Jon Ronson en el diario El Mundo con motivo de la publicación de su nuevo libro “¿Es usted un psicópata?” (Ediciones B). El famoso escritor y periodista galés, autor de la conocida novela “Los hombres que miraban fijamente a las cabras” (que tuvo una curiosa adaptación a la gran pantalla no hace mucho), sostiene en esta nueva publicación una tesis muy interesante que hay que sopesar con detenimiento; el mundo está dirigido por psicópatas.
            Ronson hace referencia, fundamentalmente, al sector financiero y empresarial para señalar un hecho preocupante; los puestos de dirección de los grandes bancos, holdings internacionales, corporaciones, grandes empresas y demás transnacionales están copados por un perfil de persona muy concreto, el del psicópata. Razones de peso no le faltan a la hora de sustentar sus afirmaciones, y aquellos que quieran conocerlas deberán acudir a las páginas de su libro.

Aquella entrevista me hizo recordar un estudio que cayó en mis manos hace unos cuantos años, mientras recogía información para un trabajo de antropología en la facultad. No recuerdo muy bien quien lo realizó, ni puedo dar más referencias de aquel estudio porque no era el tema de mi investigación, y no me molesté en tomar notas. Ni siquiera recuerdo con exactitud la publicación donde lo leí, creo que fue en uno de los volúmenes de la revista “Cultura y Sociedad” que me encontraba consultando por aquel entonces. Ni me preguntéis por la referencia bibliográfica, no lo sé, y es algo de lo que siempre me arrepentiré.
            Recuerdo que en aquel artículo se exponían las conclusiones de una investigación llevada a cabo entre varias personalidades del ámbito de la política a nivel mundial. Al parecer, los investigadores habían tomado la escala de Hare, que sirve para medir rasgos psicopáticos en alguien, y la habían aplicado a una muestra representativa de seres (por llamarlos de alguna manera) dentro de este mundillo. Tras estudiar minuciosamente los perfiles psicológicos de dichos seres, y sin discriminar por, edad, sexo, nacionalidad u orientación ideológica, habían llegado a la conclusión de que a medida que se iba subiendo en la pirámide del poder el número de rasgos de psicopatía también aumentaba acompasadamente. Ni que decir tiene que los puestos cúspide eran copados sistemáticamente, o bien por psicópatas, o bien por individuos que se acercaban alarmantemente a la sociopatía.

Aquello me dio mucho miedo. Recuerdo que cerré el volumen con fuerza y lo devolví a la estantería de donde lo había sacado. Esa noche tuve pesadillas.

Con el tiempo he vuelto a reflexionar en numerosas ocasiones sobre este hecho, y he llegado a una conclusión simple y desoladora, la misma a la que, por otras vías me imagino, ha llegado el señor Ronson; el mundo está gobernado por psicópatas.
            Hay varias líneas de argumentación que me llevan a aseverar esto; en primer lugar tenemos que pararnos a pensar en qué cualidades debe cumplir alguien que esté en un puesto de dirección de un partido político al más alto nivel. Debe ser ambicios@, amoral, debe carecer de escrúpulos y estar dispuest@ a hacer lo necesario, a costa de quien sea, para conseguir sus objetivos. Nadie que ocupe un puesto directivo en un partido político ha llegado hasta ahí sin mancharse las manos, eso es una obviedad, al menos para mí. Ganar es sinónimo de aplastar.
            Para triunfar en un mundo tan ultracompetitivo como es el de la política, donde los chantajes, el espionaje, la paranoia, las luchas bicéfalas, tricéfalas, la traición, e incluso el asesinato, están a la orden del día, el darwinismo social impone que solamente aquell@s más aptos, es decir; más psicópatas, conseguirán medrar y aposentar sus culos en poltronas vitalicias. Y, amigos míos, si hay algo que un psicópata suele ser, sobre todo un@ con cierto grado de carisma e inteligencia, es un triunfador social. Poseen encanto, son aduladores, zalamer@s, saben a quien hacer la pelota y cuando hacerla, lo que deben decir, lo que no deben decir. Son astut@s jugadores de ajedrez que se ocultan tras sus alfiles esperando el momento para atacar y dar jaque mate, da igual a quien tengan que sacrificar.
            Porque, y llegamos a la segunda parte de mi exposición, l@s psicópatas son totalmente amorales. Vicente Garrido Genovés, en su obra “Cara a cara con el psicópata”, describe a estos individuos como discapacitad@s morales, como individuos que, aun sabiendo discernir el bien del mal, actúan movid@s por puro y simple egoísmo. Carecen de empatía, carecen de responsabilidad y remordimientos. Tú y yo les damos igual, son animales que solamente desean satisfacer su necesidad de poder y dominación. El mundo de la política, los partidos, las agrupaciones, todos esos maravillosos organismos, son el caldo de cultivo ideal para que este tipo de personalidad florezca y haga carrera.

No existe, en mi opinión, nada más atroz, y que vaya más en contra de la dignidad humana que denigrar y humillar a otra persona en público, haciéndolo, además, para obtener beneficio personal de la destrucción de ese otro individuo, sin importar el daño que se está haciendo o a quien se le está haciendo. Considero que esto es un comportamiento aberrante y me repugna pensar que exista gente que viva de hacer esto a diario, porque, y esto es lo más fuerte, l@s polític@s lo hacen, de manera sistemática y con extrema diligencia. Investigan a sus adversarios y llevan la cuenta de sus chanchullos, de sus intimidades. Si un rival es adultero, si esnifa coca, si fuma, si bebe, si es homosexual, si le gustan los látigos de cuero, si ha robado dinero público (todos l@s polític@s son corrupt@s, esto es algo que también necesito que entendáis, pero que voy a dejar para otro post), si su hija es gótica, si su perro come cacas del suelo. Escarban en la basura y reúnen pruebas, secretos, para después filtrarlos a los mass media, que suelen utilizar como voceros laudatorios de sus andanzas, en el momento en que más daño pueden causar.
            Cada vez que veo una sesión de control al gobierno me horrorizo. No se discute sobre política, no se intenta argumentar de forma positiva y racional una medida. Se espeta información, de la forma más asertiva y auto-elogiosa posible, se tergiversan hechos y se insulta. L@s polític@s no hacen política, SE INSULTAN!. Es como el patio de recreo de un colegio donde todos gritan “y tú más” (por cierto, los niños pequeños son psicópatas, todos ellos, no tienen su inteligencia emocional desarrollada y por eso son tan crueles).

Nicolás Maquiavelo supo definir a la perfección lo que es un político, y lo hizo en el año 1513. El príncipe cristiano, dueño y señor de la razón de Estado, ha ido degenerando con el devenir de los tiempos hacia una nueva sub-especie de principitos y principitas, niñat@s mal criad@s que juegan con el destino del mundo en sus parques de escaños y altares, y micros y notas, y poses y rictus, y voces moduladas en falsete. No les importamos, solamente quieren su cuota de poder y mear más lejos que el resto.

He decidido que no quiero jugar con ell@s. No les voy a dar mi voto, a ningun@. No les apoyo, no creo en ell@s ni en el mundo que han creado.

No me representan.


lunes, 16 de abril de 2012

BIOGRAFÍA DE MÍ (2)


2. Big Bang Theory.

Lo que me sucedió después de ser Nada es bastante complejo y lo tengo algo borroso. Para empezar, justo después de la Nada no recuerdo que pasó, sé que debió de ocurrir Algo importante. Una conjunción extraña de hechos que se concatenaron ad aeternum y que dieron lugar al Universo conocido que soy hoy. Fue durante mi Big Bang, que se suele decir, pero en realidad no lo recuerdo.
Tengo cierta noción de lo sucedido a partir de un cronón de tiempo después de ese Bang Bang, más si me retrotraigo justo hasta el mismo instante de la Creación nada de nada, puf, recuerdo que se esfuma, ni me preguntes porque no lo sé. Mis recuerdos de aquel Tiempo Cero son como un queso gruyere, poco consistentes y llenos de agujeros.
            Son como las lagunas de memoria después de una noche de excesos, como el nombre de aquel actor tan famoso en la punta de la lengua. Era un momento, de eso estoy seguro. Tiempo condensado antes de ser contado.
                 
Yo, un Cronón después del Principio de los Tiempos
 Luego, 10-43 segundos después  me hice muy pequeño y muy denso, y muy caliente. Superenergético. No sabría señalar a ciencia cierta que cualidad era, me gusta pensar en energía, queda muy bien en las conversaciones y sirve para ligar, sobre todo entre las hippies. Lo cierto es que no lo sé. La teoría unificada de mí apunta a este hecho. Una especie de fuerza primordial, que no era ninguna de las cuatro que hay ahora sino una mucho más molona, que lo llenaba Todo. Eso fue después. Antes de eso Tiempo y antes Nada.
            Ni siquiera se moleste, querido lector, en intentar concebir un sistema para medir dicha energía que era Yo. Ni bosones ni hadrones, ni partículas ni ondas. Orgones me han llamado a veces, pero tampoco. Ni Kundalini, ni Dios, ni Maná, ni Nada. Era Algo más insustancial. Dese usted cuenta que acababa de salir de la inexistencia y andaba algo perdido en la búsqueda de mi identidad, ni siquiera me lo planteaba pues aun no era Logos ni era Nada. Era el Algo contrario a la Nada, eso es lo que era.
            Y lo fui en ese momento y nunca más volví a serlo. Qué gran explosión inaudita!. Qué bueno que era aquello!. De un tiempo a esta parte he querido volver a experimentar el momento de la Creación. En cada una de mis vidas pasadas. Cada feto en el útero. No hay manera. Me pasa un poco como a los yonkis que por vez primera experimentaron un instante eterno de sublime placer y luego se pasaron el resto de sus vidas buscando repetir ese momento en vano. Una lástima, una tristeza, un coraje de vivir.

Será por ello que siento una punzada de nostalgia cuando hecho la vista atrás, hacia aquel Big Bang de mis primeros Tiempos. Nunca podré experimentar de nuevo mi propia Creación, no sin pasar antes por el reseteo de mi Consciencia. La muerte de Dios-Todo lo que es. El Punto-Cero pasó y de ahí nació el Tiempo. La gran explosión de la  Creación. Tan majestuoso y sublime!.

Cómo narrar con palabras aquel instante, aquella plenitud. Un estallido de vida en mitad del vacío. El surgir del momento eterno. El comienzo del Tiempo que no tiene comienzo. La Corona surgiendo de la nada adorna su mismidad desde un instante infinito que se va condensando hasta hacerse sucesivo. En ese instante que no recuerdo todo se aceleró para dar lugar a una Línea. Saturno devorándose a sí mismo.

Yo era el Tiempo, el momento perpetuo que empieza a contarse a partir de sí mismo, y contando y contando llega a ser momentos consecutivos. La progresión aritmética del mí mismo puesto detrás de mí, en fila india. El paso de la primera a la segunda dimensión. Me convertí en sucesión. Me di la vez y entonces fui.

Tiempo contabilizado, así pasé de ser Big Bang a solo Ser.

jueves, 12 de abril de 2012

HABLEMOS DE MINERALISMO, COJONES YA!!



  El mineralismo ya llegó, lo tenemos encima, como bien anunciaba uno de los próceres de nuestra cultura en aquel famoso programa.
            Estos últimos meses se han venido produciendo toda una serie de catastróficas sincronicidades; extraños fenómenos atmosféricos y geofísicos, crisis… no, mejor dicho, depresión económica galopante, profecías mayas, avistamientos de ovnis, Sálvame Deluxe, elecciones generales, tensión en oriente próximo que, todo parece indicar, acabará en tollinas a cuatro bandas, esta vez con armamento termonuclear y fuegos artificiales, iluminatis y anunnakis, el final de los Simpson. Incertidumbre total y una fecha de referencia; 21 de diciembre de 2012.

De un tiempo a esta parte solía tener una broma recurrente, y quienes me conocen saben que soy a la par bromista y recurrente (es decir, muuuy cargante). Cuando alguien me mencionaba su intención de realizar cualquier plan futuro, a dos años vista, por ejemplo, le soltaba algo del estilo “bueno, eso será si el mundo no se acaba antes”. La broma no tiene la menor gracia, la expresión atormentada de mis interlocutores si que la tenía. Al principio pensé que era algo aislado, pero no tardé en darme cuenta de que a cada ocasión que repetía la misma broma obtenía la misma respuesta emocional, en primer lugar una risa nerviosa, después un asentimiento y/o negación y un intento por desviar la conversación de nuevo hacia aguas más tranquilas. Incredulidad sazonada con turbación.
            Da lo mismo que el comentario se lo espetase a un catedrático que a una cajera de Mercadona, la respuesta era siempre la misma. Nerviosismo, resquemor, miedo, sobre todo mucho de lo último, flotando en una sopa de incertidumbre. Un miedo subconsciente, irracional. Una sensación como de inexorabilidad, de algo inevitable, de algo pautado, grabado a fuego en la fría piedra del conocimiento arcano. Algunos se encogen los hombros y asumen que les ha tocado, otros niegan con vehemencia, demasiado vehementemente, en mi opinión. Esos son los más temerosos.
            Todos nosotros, y cuando digo todos me refiero a TODOS, tenemos esa sensación de que algo se avecina, da igual que se niegue porque va a ocurrir y va a ser algo gordo. No sabemos qué, pero va a pasar. Algunos reconocemos esa sensación y la asumimos abiertamente, otros la ocultamos, la negamos o nos burlamos de ella. Yo era de estos últimos.

Veréis, hasta hace un par de meses el que aquí escribe tenía a gala considerarse la persona más escéptica del mundo. Creía, y estaba equivocado pero aún así no dudaba en afirmarlo, que no existía dentro mi psique un ápice de pensamiento mágico. De hecho solía burlarme con excesiva sorna de cualquiera que tuviese una creencia no sustentada en hechos empíricos. Un racionalista cartesiano, así era como me gustaba considerarme. Solía alardear de estar por encima de todos esos crédulos ignorantes que basan su vida en los designios de un ser mágico invisible con superpoderes, y que sueltan simplezas del tipo “la ciencia no ha podido demostrar la no existencia de Dios” a las que yo respondía con mi contra-argumento “la ciencia no ha podido demostrar la no existencia del monstruo volador de espaguetti que vive en la galaxia de Andrómeda”.
            No fue hasta que adquirí esta manía de bromear con la gente sobre el fin del mundo que no tomé contacto con una realidad superior, que me sobrepasaba y me englobaba al mismo tiempo. Empecé a cuestionarme mis propias no-creencias, dado el amplio abanico de personas proveniente de diversos sustratos sociales que mostraban ese tipo de reacciones.

¿Y si todo fuese cierto?. Esta duda empezó a anidar en mi interior. Al principio fue un huevecillo de insecto, de ahí pasó a larva, crisálida y finalmente surgió como una hermosa mariposa New-Age. El razonamiento que me hice a mi mismo era impecable. Supongamos por un momento que el fin de los días se aproxima de verdad, si me pilla en modo escéptico estoy jodido. Todas las religiones, filosofías, corrientes de pensamiento y demás supercherías son tajantes a este respecto. Solo aquellos que sean conscientes y sepan discernir la auténtica verdad serán los elegidos para vivir en la nueva y gloriosa tierra/paraíso/nave espacial. Sale mucho más a cuenta creer. Unos meses de pensamiento mágico a cambio de una eternidad de divinos placeres. El esfuerzo no es mucho, en mi opinión, y los beneficios potenciales superan con creces al pequeño sacrificio de volver a abrir la compuerta de las gilipuerteces místico-mágicas de mi cerebro durante este breve periodo de tiempo.
            Porque lo bueno de todas estas creencias es eso, que tienen fecha de caducidad en el envase. Diciembre de 2012. Si pasada la fecha anunciada compruebo que nada relevante a ocurrido, salvo algún nuevo recorte del gobierno (que aunque sea una putada no puede considerarse señal del fin del mundo), solamente tengo que volver a enfundarme mi manto de escepticismo y racionalidad y volver a mi habitual e indolente estado del ser. Es maravilloso.

Solamente me queda un problemilla por resolver; ¿en qué debo creer?. Y es que son tantas las iglesias, sectas, grupos, sociedades, doctrinas, dogmas, filosofías, teosofías, cosmogonías, y demás formas de creencias habidas o por haber que no se por cual de todas decantarme. Es como echar la lotería (y suelo tener mala suerte con los juegos de azar). La única solución es jugar una múltiple. A partir de ahora me declaro públicamente seguidor de cualquier doctrina existente. Pueden considerarme católico apostólico románico, masón, judío, cienciólogo, budista, odinista, adorador de los aviones de carga estadounidenses de la segunda guerra mundial, o cualquier otra cosa que se les ocurra. Todo es verdad. Ninguna religión es excluyente de otra, solamente hay que saber encajar las piezas. Ya lo iré haciendo, no os preocupéis.

 Doy la bienvenida a mi año metafísico!.

Hare Krishna Hare Krishna Krishna Krishna Hare Hare Hare Rama Hare Rama Rama Rama Hare Hare, Amén!

lunes, 9 de abril de 2012

THEY CANTAN FOR YOU EN ESPAÑOL!

Hola amiguit@s, espero que este lunes os esté tratando bien. Hoy vengo a traeros una selección de los mejores artistas de la escena musical cantando para todos vosotros en vuestra lengua materna. Es un regalo que os hacen, honradles!!

Par empezar en el Nº 5 un amigo muy especial, tras su sonado éxito "Hijo de hombre", nos regaló un hermoso tema que nos llegó al corazón; Phil collins, "En marcha estoy."






En el Nº 4 tenemos a unos chicos alemanes muy cañeros que nos dejarón una de las mejores canciones de amor de todos lo tiempos. Gracias a ellos aprendimos que limón era sinónimo de corazón. Rammstein, "Te quierro puta".


 

En el Nº 3 una de las canciones más hermosas que nuestros oídos jamás escucharán. Nos enseñaron a amar. Bon Jovi, "Cama de Rosas".


 

En el Nº 2 os dejo una artista que no necesita presentación. Solamente está en español el estribillo, pero aún así ha entrado por mérito propio en este rankin. Demos la bienvenida a Avril Lavigne y su "Girlfriend"!!



 

Y lo mejor para el final, como no podía ser menos. En el Nº 1 un tema que ha triunfado en todos los vagones de metro del mundo, interpretado por un ARTISTA con mayúsculas; David Haselhoff!!, "Es la historia de un amor".



domingo, 8 de abril de 2012

EL CULTO A ATIS

Buenos días a todos, espero que estéis disfrutando de estos días de asueto, y de este tiempo maravilloso (para las hortalizas) que el cielo nos regala. Hoy vengo a traeros un documento imprescindible, un relato fascinante, contado, como siempre, sin pelos en la lengua. La misión que hoy me he propuesto es despejar las brumas de la historia para traer hasta el presente uno de aquellos cultos ancestrales, olvidados en tiempos inmemoriales, que el ser humano guarda en el interior de la memoria colectiva, para, por unos minutos, revivir sus misterios, sobrecogernos de pavor ante el poder de lo divino, reverenciar el arcano poder que emana de lo más profundo de nuestro inconsciente.
            Hoy vengo a hablaros del culto a Atis!
(El martirio de Atis)

En primer lugar unos datos biográficos para poner en antecedentes al sobrecogido lector. Atis, nuestro nuevo amigo, era la deidad principal de los antiguos frigios, una raza de griegos muy raros, al estilo de los troyanos,  que en lugar de vivir en el Peloponeso, como dios manda, habitaron la península de Anatolia y vivieron su momento de mayor esplendor entre los siglos VIII y VII a.C. siendo el famoso rey Midas, y su toque mágico, el personaje más popular de estos frigios.
Como todo dios solar que se precie, el bueno de Atis nació, un 25 de diciembre del seno de una virgen, en este caso la diosa Nana/Cibeles. Al parecer la partenogénesis de la diosa fue producida por una almendra que se le cayó en el regazo mientras andaba distraída, y que era, en realidad, uno de los cojones del río Sakarya (al parecer los ríos de Anatolia tienen testículos, ver para creer). Tuvo una azarosa vida, plagada de escarceos amorosos que se quedaron en agua de borrajas porque al parecer era impotente. E incluso llegó a tontear con su propia madre, de la que estaba locamente enamorado. Al final, no se sabe cómo, acabó prometido con la hija del anteriormente mencionado rey Midas (esto empieza a parecerse cada vez más a un culebrón venezolano).
El caso es que el día de su boda, lleno como estaba de tensión sexual irresuelta hacia su madre, y a punto de casarse con una loba que lo quería sólo para él, decidió que lo mejor que podía hacer era cortarse las pelotas. De este modo se sentó debajo de un árbol y con un cuchillito hizo zas!, y se rajó la bolsa escrotal. Una escena muy tierna que sería repetida por sus seguidores, pero me estoy adelantando.

(coribantes)
Esto ocurría durante los equinocciales de primavera de su trigésimo tercer cumpleaños. El pobre Atis no calculó bien, y a consecuencia de su autocastración se acabó desangrando hasta morir. Una auténtica lástima. Para más inri, unos tíos que pasaban por ahí decidieron que lo mejor que podían hacer con el pobre dios moribundo era crucificarlo en aquel árbol.
Tras palmarla, el pobre Atis bajo a los infiernos, lugar en el que permaneció durante tres días enteritos. Entre tanto, Cibeles, arrepentida, se hizo con el cuerpo de su hijo y lo llevó a un sepulcro dentro de una cueva para evitar que el cadáver de su retoño sufriera los males de la putrefacción. La sorpresa debió de ser mayúscula al ver como Atis resucitaba al término del tercer día para ascender a los cielos y pasar a formar parte del panteón de dioses.

El culto a Atis tuvo, como ya he dicho, mucho tirón entre los frigios, no en vano, se trataba de la deidad solar más querida de la época, y desarrolló toda una liturgia que tenía su punto álgido en los denominados festivales de Hilaria, que solían caer sobre el 25 de marzo.
            Durante estos festivales se festejaba la muerte y resurrección de Atis, así como su pasión en el pino. El mentado día 25 de marzo se organizaba una gran procesión en la que los coribantes, una especie de hermandad masculina dedicada a los ritos orgiásticos, y con unas pintas muy raras, cogían un leño enorme de pino, a veces con una figura de Atis atada a él, y lo montaban sobre una especie de plataforma que paseaban en volandas desde que lo sacaban del templo hasta que lo volvían a meter. Los vecinos de los pueblos donde se celebraban estas procesiones solían reunirse alrededor de los coribantes para gritarle cosas bonitas al madero (¡Guapo! ¡Viva er pino de mi arma y la mare que lo parió!).
           Eran frecuentes las muestras públicas de dolor, las flagelaciones y lamentos, e incluso las mutilaciones rituales, como forma de mostrar devoción al bueno de Atis.
            El ritual solía concluir con la castración pública de aquellos que iban a ser ordenados aquel año como nuevos sacerdotes del culto. Al parecer, los miembros de este culto eran todos hombres, y tenían que hacer la promesa de dejar a un lado su virilidad para dedicarse a una vida de servicio y abstinencia carnal. Todo ello quedaba plasmado en el rito de cortarse los huevos.

(casta sacerdotal del culto)
            Tanto éxito tuvo este culto que de Frigia pasó a Grecia y de ahí a Roma, donde vivió sus años de mayor auge durante el reinado del emperador Claudio (41-55 d.C). Por aquellos años la devoción había llegado a tales extremos, y se había convertido en algo tan popular, que los equinocciales de primavera eran dedicados en exclusiva a esta deidad. La festividad de la Hilaria fue institucionalizada por el estado (Diodorus Siculus 3.58.7) y después, de la noche a la mañana desapareció. Nadie se explica cómo pasó aquello. Es un misterio.

Es durante el bajo imperio, cuando el cristianismo se convierte definitivamente en la religión oficial de Roma, el momento en que desaparece definitivamente el culto a Atis. Perdiéndose en las brumas del tiempo. Hoy es un resquicio ancestral que solamente se conserva en mohosos papeles apilados en los sótanos de los museos, un eco del pasado, un recuerdo de una época bárbara en la que el hombre seguía rindiendo culto a los ciclos solares, a la naturaleza ignota y desconocida.

Es bueno ver lo mucho que hemos avanzado como sociedad desde aquellos años.




 P.D.: No he podido encontrar imágenes ni vídeos de la época, así que he tenido que echar mano de lo que había por ahí. Espero que no se note demasiado.